Entre el 3º y 5º día, según si el parto ha sido vaginal o cesárea, se suele dar un aumento importante de la cantidad de leche, que es lo que todos conocemos como la subida de la leche.
Si se le ha estado dando a menudo el pecho al bebé, la madre casi ni lo nota, pero si se le han dado pocas tomas, es frecuente que los pechos se pongan muy tirantes y duros (“como piedras”). Es lo que se llama ingurgitación mamaria. Esto es por la leche pero sobre todo porque se da una inflamación de los tejidos mamarios. Lo que hay que hacer en este caso es poner al bebé cada dos horas al pecho. Antes de la toma es conveniente poner calor en el pecho y dar un poco de masaje, pero siempre suavemente. Si la zona de la areola está tan dura que el bebé no puede agarrarse al pecho, habría que vaciar un poco manualmente hasta que se ablande. Suele venir bien tomar algún antiinflamatorio compatible con la lactancia (ibuprofeno).
Esto ocurre en los dos pechos a la vez. Si se está durante un día (y la noche) poniéndolo cada dos horas al pecho, en 24 horas el problema está resuelto.
En casos excepcionales cuando la ingurgitación es muy severa, el uso de un sacaleches ayuda a ablandar el pecho.